"Como allí abajo en el agua límpida se ven la arena, los guijarros y el color de las piedrecitas, sólo por razón de la transparencia del agua, así quien busca el camino de la liberación es preciso que tenga la mente igualmente límpida."
"No se puede, digo yo, obtener desde el principio el conocimiento supremo, sino sólo ejercitándose sucesivamente, operando sucesivamente, procediendo paso a paso se consigue el perfecto conocimiento". (Budha)
¿De qué manera? He aquí que llega uno, movido por la confianza; una vez llegado, se asocia; una vez asociado, escucha; escuchando, recibe la doctrina; recibida la doctrina, la recuerda; de la doctrina retenida, escruta su sentido; al escrutar el sentido, la doctrina le da el saber; conseguido el saber, él la aprueba; aprobándola, la pondera; ponderándola, se ejercita diligentemente; y ejercitándose diligentemente realiza, en efecto, en sustancia la más excelsa verdad y, penetrando, la ve.
Éstas son las etapas. Y aquí conviene siquiera señalar que la "confianza" puesta al inicio de la serie es cosa distinta del simple "creer". Antes que nada, en los textos se trata siempre de una confianza propiciada por la elevada estatura del maestro y su ejemplo; en segundo lugar, como se ve bien claro por el desenvolvimiento de la serie recién citada, se trata de una admisión provisional, pues la verdadera adhesión ocurre en el punto en que, mediante el examen y el ejercicio, se determina la facultad de una visión directa, de una intuición intelectual, por completo independiente de sus antecedentes. No se deja, empero, de subrayar: "Quien no sabe ejercitarse esforzadamente, no podrá conseguir la verdad; porque se ejercita denodadamente, por eso [el asceta] alcanza la verdad: por eso el ejercicio esforzado es la cosa más importante para la consecución de la verdad".
J.Evola - La Doctrina del despertar
Pilates para el Cerebro
Clases de tensión
La tensión puede clasificarse siguiendo varios criterios.
Por su duración
a) Tensión aguda.- Es la que se manifiesta en un momento dado como resultado de una situación nueva, especial, que pone a prueba la capacidad de adaptación de la persona ante dicha situación.
b) Tensión crónica.- Es producto de una problemática interior planteada en el individuo desde mucho tiempo atrás, y que hace que en cada situación actual la persona reaccione no de acuerdo con la situación presente, sino en virtud del antiguo malestar interior.
Atendiendo a sus causas, la tensión es siempre producto de un esfuerzo interior que el sujeto ha de hacer para ponerse a la altura de las circunstancias. Este esfuerzo puede proceder, como ya hemos indicado, de las cuatro causas siguientes:
a) Por el aumento de las exigencias externas.- Más trabajo, mayor responsabilidad, problemas profesionales, peligros físicos, sociales, etc. Obligan al sujeto a emplearse con mayor rendimiento, a dar más de sí.
b) Por la disminución de las capacidades del sujeto.- Esto puede ser motivado principalmente por tres factores:
I. Problemas internos, preocupaciones y otras causas de tipo psicológico.
II. Por enfermedad. Especialmente por las enfermedades no manifiestas, solapadas; el sujeto no se da cuenta exactamente de su existencia, pero nota que algo no va bien, le cuesta más que antes hacer las cosas.
III. La edad. Llega un momento en el que inevitablemente se plantea el mismo problema. La avanzada edad causa una disminución en la capacidad de rendimiento activo, por lo menos en aquellos rendimientos que se basan de algún modo en el esfuerzo físico, en la energía vital. Las actividades de orden intelectual a veces se ven menos afectadas por esta curva involutiva de la edad. Pero, como la mayor parte de las personas realizan trabajos mixtos en los que una cosa se apoya en la otra, cuando declina la vitalidad, el individuo se encuentra disminuido no sólo en su energía física, sino también en su empuje para afrontar nuevas situaciones, en su capacidad de lucha, en su tendencia reactiva, sin hablar de otros varios problemas que crea el envejecimiento.
Es una situación que no se ha de considerar sólo en el anciano, sino en toda persona a partir de cierta edad. La vejez consiste elementalmente en pérdida de líquido, la persona se va secando, va perdiendo su componente endo. Las funciones del endo son las de asimilación y adaptación, es el elemento plástico que permite transformarse interiormente, adaptarse. Pierde, pues, facilidad de adaptación, de memoria, facilidad para asimilar nuevas ideas, nuevas costumbres, nuevas actitudes. Por un lado decrecen sus fuerzas y por otro, la capacidad de asimilar interiormente nuevas formas. Por eso tiende a refugiarse en sus actitudes tradicionales, que le salen de un modo automático y le exigen menos esfuerzo. Todo intento de adaptarse a nuevas formas y costumbres, e incluso el intentar mantener el mismo ritmo de trabajo que le era habitual, le exige enormes esfuerzos que son causa de una dolorosa y dramática tensión.
c) Por el aumento de las exigencias internas del sujeto. Cada fase de desarrollo o madurez psicológica lleva consigo nuevas exigencias y valoraciones del mundo exterior, con lo que se produce un estado de tensión hasta que la persona consigue estabilizarse en el nuevo nivel alcanzado.
d) Por la disminución de las posibilidades del ambiente. Es típico el caso de las crisis económicas y laborales, la escasez de comida, en tiempo de guerra, etc. Todo déficit de suministro de lo que puede satisfacer las necesidades básicas, crea también un estado agudo de tensión.
Antonio Blay - La Personalidad creadora
Por su duración
a) Tensión aguda.- Es la que se manifiesta en un momento dado como resultado de una situación nueva, especial, que pone a prueba la capacidad de adaptación de la persona ante dicha situación.
b) Tensión crónica.- Es producto de una problemática interior planteada en el individuo desde mucho tiempo atrás, y que hace que en cada situación actual la persona reaccione no de acuerdo con la situación presente, sino en virtud del antiguo malestar interior.
Atendiendo a sus causas, la tensión es siempre producto de un esfuerzo interior que el sujeto ha de hacer para ponerse a la altura de las circunstancias. Este esfuerzo puede proceder, como ya hemos indicado, de las cuatro causas siguientes:
a) Por el aumento de las exigencias externas.- Más trabajo, mayor responsabilidad, problemas profesionales, peligros físicos, sociales, etc. Obligan al sujeto a emplearse con mayor rendimiento, a dar más de sí.
b) Por la disminución de las capacidades del sujeto.- Esto puede ser motivado principalmente por tres factores:
I. Problemas internos, preocupaciones y otras causas de tipo psicológico.
II. Por enfermedad. Especialmente por las enfermedades no manifiestas, solapadas; el sujeto no se da cuenta exactamente de su existencia, pero nota que algo no va bien, le cuesta más que antes hacer las cosas.
III. La edad. Llega un momento en el que inevitablemente se plantea el mismo problema. La avanzada edad causa una disminución en la capacidad de rendimiento activo, por lo menos en aquellos rendimientos que se basan de algún modo en el esfuerzo físico, en la energía vital. Las actividades de orden intelectual a veces se ven menos afectadas por esta curva involutiva de la edad. Pero, como la mayor parte de las personas realizan trabajos mixtos en los que una cosa se apoya en la otra, cuando declina la vitalidad, el individuo se encuentra disminuido no sólo en su energía física, sino también en su empuje para afrontar nuevas situaciones, en su capacidad de lucha, en su tendencia reactiva, sin hablar de otros varios problemas que crea el envejecimiento.
Es una situación que no se ha de considerar sólo en el anciano, sino en toda persona a partir de cierta edad. La vejez consiste elementalmente en pérdida de líquido, la persona se va secando, va perdiendo su componente endo. Las funciones del endo son las de asimilación y adaptación, es el elemento plástico que permite transformarse interiormente, adaptarse. Pierde, pues, facilidad de adaptación, de memoria, facilidad para asimilar nuevas ideas, nuevas costumbres, nuevas actitudes. Por un lado decrecen sus fuerzas y por otro, la capacidad de asimilar interiormente nuevas formas. Por eso tiende a refugiarse en sus actitudes tradicionales, que le salen de un modo automático y le exigen menos esfuerzo. Todo intento de adaptarse a nuevas formas y costumbres, e incluso el intentar mantener el mismo ritmo de trabajo que le era habitual, le exige enormes esfuerzos que son causa de una dolorosa y dramática tensión.
c) Por el aumento de las exigencias internas del sujeto. Cada fase de desarrollo o madurez psicológica lleva consigo nuevas exigencias y valoraciones del mundo exterior, con lo que se produce un estado de tensión hasta que la persona consigue estabilizarse en el nuevo nivel alcanzado.
d) Por la disminución de las posibilidades del ambiente. Es típico el caso de las crisis económicas y laborales, la escasez de comida, en tiempo de guerra, etc. Todo déficit de suministro de lo que puede satisfacer las necesidades básicas, crea también un estado agudo de tensión.
Antonio Blay - La Personalidad creadora
Permite que cada situación de tu vida te enseñe
Cuando el gran místico sufí Hasan estaba muriendo, un discípulo suyo le preguntó:
-“Hasan, ¿quién fue tu maestro?”.
Y Hasan respondió:
-Tuve miles de maestros.
Sólo mencionar sus nombres me llevaría meses, años, y ya es demasiado tarde. Pero ciertamente te hablaré ... sobre tres maestros.
-Uno era un ladrón. Una vez me perdí en el desierto y cuando llegué a una aldea, era tarde y todo estaba cerrado. Pero finalmente encontré a un hombre que estaba intentando hacer un agujero en la pared de una casa. Le pregunté dónde podía pasar la noche y él dijo:
- “A esta hora de la noche será difícil, pero puedes quedarte conmigo, si puedes quedarte con un ladrón”.
El hombre era tan agradable que me quedé un mes.
Y todas las noches él acostumbraba decirme: “Ahora me voy a trabajar. Descansa y reza”.
Al regresar yo le preguntaba: “¿Conseguiste algo?”.
El solía decir: “Esta noche no, pero mañana lo intentaré de nuevo, si Dios quiere...”.
Nunca estaba desesperanzado, siempre estaba feliz.
Cuando, durante años y años, medité y medité y nada sucedió, muchas veces hubo momentos, en que me sentí tan desesperado, tan desesperanzado, que pensé en terminar con todo este sin sentido.
Y súbitamente me acordaba del ladrón que decía cada noche: “Si Dios quiere, mañana sucederá”.
-Mi segundo maestro fue un perro. Me dirigía al río, sediento, y un perro se acercó.
También estaba sediento. Miró dentro del río, vio allí a otro perro. Era su propia imagen y se asustó.
Ladró y se alejó corriendo, pero su sed era tan grande que volvió.
Finalmente, a pesar de su temor, simplemente saltó al agua y la imagen desapareció.
Y supe que había recibido un mensaje de Dios: “Uno debe dar el salto a pesar de todos los miedos”.
-El tercer maestro fue un niño pequeño. Entré en un pueblo y un niño estaba llevaba una vela encendida. Iba a la mezquita para poner la vela allí.
Sólo en broma le pregunté al niño: “¿Tú mismo has encendido la vela?”.
El dijo: “Si, señor”.
Y le pregunté: “Hubo un momento en que la vela no estuvo encendida, luego hubo un momento en que la vela estuvo encendida ¿puedes mostrarme la fuente de la cual surgió la luz?”.
Y el niño rió, apagó la vela de un soplo, y dijo: “Ahora tú has visto cómo ha desaparecido la luz. ¿Dime, dónde se ha ido la luz?”.
Mi ego se hizo añicos, todo mi conocimiento se hizo añicos.
Y en ese momento sentí mi propia estupidez.
Entonces entendí que debía abandonar todos mis conocimientos y empezar a comprender.
Es verdad que no tuve ningún maestro.
Eso no significa que no fuera un discípulo también pero acepté a toda la existencia como mi Maestro.
Mi aprendizaje fue un compromiso mayor que el tuyo.
Confié en las nubes, los árboles..., confié en la existencia como tal.
No tuve Maestro porque tuve millones de Maestros, aprendí de todas las fuentes posibles.
-“Hasan, ¿quién fue tu maestro?”.
Y Hasan respondió:
-Tuve miles de maestros.
Sólo mencionar sus nombres me llevaría meses, años, y ya es demasiado tarde. Pero ciertamente te hablaré ... sobre tres maestros.
-Uno era un ladrón. Una vez me perdí en el desierto y cuando llegué a una aldea, era tarde y todo estaba cerrado. Pero finalmente encontré a un hombre que estaba intentando hacer un agujero en la pared de una casa. Le pregunté dónde podía pasar la noche y él dijo:
- “A esta hora de la noche será difícil, pero puedes quedarte conmigo, si puedes quedarte con un ladrón”.
El hombre era tan agradable que me quedé un mes.
Y todas las noches él acostumbraba decirme: “Ahora me voy a trabajar. Descansa y reza”.
Al regresar yo le preguntaba: “¿Conseguiste algo?”.
El solía decir: “Esta noche no, pero mañana lo intentaré de nuevo, si Dios quiere...”.
Nunca estaba desesperanzado, siempre estaba feliz.
Cuando, durante años y años, medité y medité y nada sucedió, muchas veces hubo momentos, en que me sentí tan desesperado, tan desesperanzado, que pensé en terminar con todo este sin sentido.
Y súbitamente me acordaba del ladrón que decía cada noche: “Si Dios quiere, mañana sucederá”.
-Mi segundo maestro fue un perro. Me dirigía al río, sediento, y un perro se acercó.
También estaba sediento. Miró dentro del río, vio allí a otro perro. Era su propia imagen y se asustó.
Ladró y se alejó corriendo, pero su sed era tan grande que volvió.
Finalmente, a pesar de su temor, simplemente saltó al agua y la imagen desapareció.
Y supe que había recibido un mensaje de Dios: “Uno debe dar el salto a pesar de todos los miedos”.
-El tercer maestro fue un niño pequeño. Entré en un pueblo y un niño estaba llevaba una vela encendida. Iba a la mezquita para poner la vela allí.
Sólo en broma le pregunté al niño: “¿Tú mismo has encendido la vela?”.
El dijo: “Si, señor”.
Y le pregunté: “Hubo un momento en que la vela no estuvo encendida, luego hubo un momento en que la vela estuvo encendida ¿puedes mostrarme la fuente de la cual surgió la luz?”.
Y el niño rió, apagó la vela de un soplo, y dijo: “Ahora tú has visto cómo ha desaparecido la luz. ¿Dime, dónde se ha ido la luz?”.
Mi ego se hizo añicos, todo mi conocimiento se hizo añicos.
Y en ese momento sentí mi propia estupidez.
Entonces entendí que debía abandonar todos mis conocimientos y empezar a comprender.
Es verdad que no tuve ningún maestro.
Eso no significa que no fuera un discípulo también pero acepté a toda la existencia como mi Maestro.
Mi aprendizaje fue un compromiso mayor que el tuyo.
Confié en las nubes, los árboles..., confié en la existencia como tal.
No tuve Maestro porque tuve millones de Maestros, aprendí de todas las fuentes posibles.
Diferentes grados de vibración
En la naturaleza física señalamos diferentes grados de vibración con nombres distintos, llamando a una serie luz, a otra calor, a otra electricidad, a otra sonido; y así sucesivamente; sin embargo, todas son de la misma naturaleza; todas son modos de movimiento en el éter, y sólo difieren en grados de velocidad correspondientes a diferencias de densidad en el éter. La Voluntad, el Sentimiento y el Pensamiento son de la misma naturaleza, y difieren en sus fenómenos sólo por la diferencia en su grado de velocidad respectiva y la sutileza relativa del medio.
La diferencia especifica del Pensamiento es que sus ondas forman imágenes - como sucede con las ondas luminosas aquí abajo -, y no deja de tener significado que la misma palabra "reflexión" se emplea igualmente en los resultados del movimiento de ondas del pensamiento y del de la luz. Hay una serie de vibraciones en una clase especial de materia y dentro de cierto grado de velocidad, a lo que damos el nombre de vibraciones del pensamiento. Estos nombres son definidores de ciertos hechos de la naturaleza.
Hay cierta clase de éter puesto en vibración y sus vibraciones afectan nuestros ojos, y a este movimiento lo llamamos luz. Hay otro éter mucho más sutil cuyas vibraciones son percibidas, esto es, son contestadas por la mente, y a este movimiento lo llamamos pensamiento. Estamos rodeados de materia de diferentes densidades, y a los movimientos que en ella se producen les damos el nombre según nos afectan, según son contestados por los diferentes órganos de nuestros cuerpos groseros o sutiles. Llamamos "luz" a ciertos movimientos que afectan los ojos; llamamos "pensamiento" ciertos movimientos que afectan otro órgano, la mente. El "ver" ocurre cuando la luz del éter ondula desde un objeto a nuestros ojos; el "pensar" ocurre cuando el éter del pensamiento se mueve en ondas desde un objeto a nuestra mente. El uno no es más ni menos misterioso que el otro. Al tratar de la mente veremos que las modificaciones en la disposición de sus componentes son causadas por el contacto de ondas de pensamiento, y que en el pensar concreto experimentamos nuevamente los choques originales de afuera. El conocedor tiene su actividad en estas vibraciones, y todo aquello que ellas pueden contestar o todo lo que ellas pueden reproducirse, es conocimiento. El pensamiento es una reproducción dentro de la mente del Conocedor, de aquello que no es el Conocedor, que no es el Yo; es una pintura causada por una combinación de movimientos de ondas, literalmente una imagen. Una parte del No-Yo vibra, y al vibrar en contestación al Conocedor, esta parte se convierte en lo cognoscible; la materia que vibra entre ellos hace posible el conocer poniéndolos en mutuo contacto. De este modo se establece y mantiene la cadena del conocedor, lo cognoscible y el conocer.
Annie Bessant - El Poder del pensamiento
La diferencia especifica del Pensamiento es que sus ondas forman imágenes - como sucede con las ondas luminosas aquí abajo -, y no deja de tener significado que la misma palabra "reflexión" se emplea igualmente en los resultados del movimiento de ondas del pensamiento y del de la luz. Hay una serie de vibraciones en una clase especial de materia y dentro de cierto grado de velocidad, a lo que damos el nombre de vibraciones del pensamiento. Estos nombres son definidores de ciertos hechos de la naturaleza.
Hay cierta clase de éter puesto en vibración y sus vibraciones afectan nuestros ojos, y a este movimiento lo llamamos luz. Hay otro éter mucho más sutil cuyas vibraciones son percibidas, esto es, son contestadas por la mente, y a este movimiento lo llamamos pensamiento. Estamos rodeados de materia de diferentes densidades, y a los movimientos que en ella se producen les damos el nombre según nos afectan, según son contestados por los diferentes órganos de nuestros cuerpos groseros o sutiles. Llamamos "luz" a ciertos movimientos que afectan los ojos; llamamos "pensamiento" ciertos movimientos que afectan otro órgano, la mente. El "ver" ocurre cuando la luz del éter ondula desde un objeto a nuestros ojos; el "pensar" ocurre cuando el éter del pensamiento se mueve en ondas desde un objeto a nuestra mente. El uno no es más ni menos misterioso que el otro. Al tratar de la mente veremos que las modificaciones en la disposición de sus componentes son causadas por el contacto de ondas de pensamiento, y que en el pensar concreto experimentamos nuevamente los choques originales de afuera. El conocedor tiene su actividad en estas vibraciones, y todo aquello que ellas pueden contestar o todo lo que ellas pueden reproducirse, es conocimiento. El pensamiento es una reproducción dentro de la mente del Conocedor, de aquello que no es el Conocedor, que no es el Yo; es una pintura causada por una combinación de movimientos de ondas, literalmente una imagen. Una parte del No-Yo vibra, y al vibrar en contestación al Conocedor, esta parte se convierte en lo cognoscible; la materia que vibra entre ellos hace posible el conocer poniéndolos en mutuo contacto. De este modo se establece y mantiene la cadena del conocedor, lo cognoscible y el conocer.
Annie Bessant - El Poder del pensamiento
Nuestra relación con el mundo
"Toda materia existe en virtud de una fuerza. Debemos asumir tras esa fuerza la existencia de una mente consciente e inteligente. Esa mente es la matriz de toda la materia". - Max Planck, físico. 1944
Con estas palabras Max Planck, padre de la teoría cuántica, describía un campo universal de energía que conecta a todos y a todo lo que hay en la creación: La Matriz Divina.
La Matriz Divina es nuestro mundo. También es todo lo que hay en nuestro mundo. Somos nosotros y todo lo que amamos, odiamos, creamos y experimentamos. Al vivir en la Matriz Divina , somos como artistas que expresamos nuestras más recónditas pasiones, miedos, sueños y deseos a través de la esencia de un misterioso lienzo cuántico. Pero nosotros somos tanto ese lienzo como las imágenes plasmadas sobre él. Somos a la vez las pinturas y las brochas. En la Matriz Divina somos el recipiente en cuyo interior existen todas las cosas, el puente entre las creaciones de nuestros mundos interior y exterior y el espejo que nos muestra lo que hemos creado. En la Matriz Divina somos a la vez la semilla del milagro y el propio milagro.
La ciencia moderna ya ha llegado al punto del que arrancan nuestras tradiciones espirituales mejor consideradas. Un creciente cuerpo de evidencia científica apoya la existencia de un campo de energía - la Matriz Divina- que proporciona ese recipiente, así como el puente y el espejo de todo lo que sucede entre el mundo que hay en nuestro interior y el mundo externo a nuestros cuerpos. El hecho de que ese campo esté en todo, desde las partículas más pequeñas del átomo cuántico hasta universos distantes cuya luz está alcanzando precisamente ahora nuestros ojos, así como en todo lo intermedio entre ambos, cambia todo lo que creíamos acerca de nuestro papel en la creación. Sugiere que debemos ser bastante más que simples observadores que pasan a través de un breve instante de tiempo por una creación preexistente. Cuando contemplamos la "vida" -nuestra abundancia material y espiritual, nuestras relaciones y carreras, nuestros amores más profundos y nuestros mayores logros, así como nuestros temores a carecer de todas esas cosas- es posible que también estemos encuadrando nuestra mirada en el espejo de nuestras creencias más auténticas, generalmente inconscientes. Las vemos en nuestro entorno porque se han manifestado mediante la misteriosa esencia de la Matriz Divina. De ser así, la propia conciencia debe jugar un papel clave en la existencia del universo.
En una cita de sus notas autobiográficas, Albert Einstein compartía esta creencia de que somos esencialmente observadores pasivos que viven en un universo ya previamente emplazado, sobre el que, al parecer, tenemos muy escasa influencia. "Vivimos en un mundo", decía, "que existe independientemente de nosotros, los seres humanos, y que existía antes que nosotros, como un gran enigma eterno que, al menos de manera parcial, es accesible a nuestro pensamiento y observación".
En contraste con la perspectiva de Einstein, que aún es ampliamente defendida por muchos científicos en la actualidad, John Wheeler, físico de Princeton y colega de Einstein, ofrece una visión radicalmente diferente de nuestro papel en la creación. En términos sólidos, claros y gráficos, Wheeler dice que: "Tenemos la vieja idea de que ahí afuera está el universo, y aquí está el hombre, el observador, protegido y a salvo del universo por un bloque de vidrio laminado de seis pulgadas". Refiriéndose a los experimentos de finales del siglo XX que nos muestran que simplemente observar una cosa cambia esa cosa, Wheeler continua: "Ahora hemos aprendido del mundo cuántico que hasta para observar un objeto tan minúsculo como un electrón tenemos que quebrar ese vidrio laminado; tenemos que meternos dentro de él. Por lo tanto, sencillamente hay que tachar de los libros la vieja palabra observador, sustituyéndola por la nueva palabra participante".
¡Qué vuelco! En una interpretación radicalmente diferente de nuestra relación con el mundo que nos rodea, Wheeler está afirmando que nos es imposible limitarnos a observar lo que pasa en él. De hecho, experimentos de física cuántica demuestran que el acto de que observemos algo tan pequeño como un electrón, concentrando nuestra consciencia sobre lo que esté haciendo ese electrón, aunque sea sólo un instante, cambia sus propiedades mientras lo observamos. Los experimentos sugieren que el mismo acto de observar es un acto de creación y que la consciencia es la que crea.
Gregg Braden - La Matriz Divina
Con estas palabras Max Planck, padre de la teoría cuántica, describía un campo universal de energía que conecta a todos y a todo lo que hay en la creación: La Matriz Divina.
La Matriz Divina es nuestro mundo. También es todo lo que hay en nuestro mundo. Somos nosotros y todo lo que amamos, odiamos, creamos y experimentamos. Al vivir en la Matriz Divina , somos como artistas que expresamos nuestras más recónditas pasiones, miedos, sueños y deseos a través de la esencia de un misterioso lienzo cuántico. Pero nosotros somos tanto ese lienzo como las imágenes plasmadas sobre él. Somos a la vez las pinturas y las brochas. En la Matriz Divina somos el recipiente en cuyo interior existen todas las cosas, el puente entre las creaciones de nuestros mundos interior y exterior y el espejo que nos muestra lo que hemos creado. En la Matriz Divina somos a la vez la semilla del milagro y el propio milagro.
La ciencia moderna ya ha llegado al punto del que arrancan nuestras tradiciones espirituales mejor consideradas. Un creciente cuerpo de evidencia científica apoya la existencia de un campo de energía - la Matriz Divina- que proporciona ese recipiente, así como el puente y el espejo de todo lo que sucede entre el mundo que hay en nuestro interior y el mundo externo a nuestros cuerpos. El hecho de que ese campo esté en todo, desde las partículas más pequeñas del átomo cuántico hasta universos distantes cuya luz está alcanzando precisamente ahora nuestros ojos, así como en todo lo intermedio entre ambos, cambia todo lo que creíamos acerca de nuestro papel en la creación. Sugiere que debemos ser bastante más que simples observadores que pasan a través de un breve instante de tiempo por una creación preexistente. Cuando contemplamos la "vida" -nuestra abundancia material y espiritual, nuestras relaciones y carreras, nuestros amores más profundos y nuestros mayores logros, así como nuestros temores a carecer de todas esas cosas- es posible que también estemos encuadrando nuestra mirada en el espejo de nuestras creencias más auténticas, generalmente inconscientes. Las vemos en nuestro entorno porque se han manifestado mediante la misteriosa esencia de la Matriz Divina. De ser así, la propia conciencia debe jugar un papel clave en la existencia del universo.
En una cita de sus notas autobiográficas, Albert Einstein compartía esta creencia de que somos esencialmente observadores pasivos que viven en un universo ya previamente emplazado, sobre el que, al parecer, tenemos muy escasa influencia. "Vivimos en un mundo", decía, "que existe independientemente de nosotros, los seres humanos, y que existía antes que nosotros, como un gran enigma eterno que, al menos de manera parcial, es accesible a nuestro pensamiento y observación".
En contraste con la perspectiva de Einstein, que aún es ampliamente defendida por muchos científicos en la actualidad, John Wheeler, físico de Princeton y colega de Einstein, ofrece una visión radicalmente diferente de nuestro papel en la creación. En términos sólidos, claros y gráficos, Wheeler dice que: "Tenemos la vieja idea de que ahí afuera está el universo, y aquí está el hombre, el observador, protegido y a salvo del universo por un bloque de vidrio laminado de seis pulgadas". Refiriéndose a los experimentos de finales del siglo XX que nos muestran que simplemente observar una cosa cambia esa cosa, Wheeler continua: "Ahora hemos aprendido del mundo cuántico que hasta para observar un objeto tan minúsculo como un electrón tenemos que quebrar ese vidrio laminado; tenemos que meternos dentro de él. Por lo tanto, sencillamente hay que tachar de los libros la vieja palabra observador, sustituyéndola por la nueva palabra participante".
¡Qué vuelco! En una interpretación radicalmente diferente de nuestra relación con el mundo que nos rodea, Wheeler está afirmando que nos es imposible limitarnos a observar lo que pasa en él. De hecho, experimentos de física cuántica demuestran que el acto de que observemos algo tan pequeño como un electrón, concentrando nuestra consciencia sobre lo que esté haciendo ese electrón, aunque sea sólo un instante, cambia sus propiedades mientras lo observamos. Los experimentos sugieren que el mismo acto de observar es un acto de creación y que la consciencia es la que crea.
Gregg Braden - La Matriz Divina
Toques Zen

Excelente power point enviado por Liliana sobre frases y conceptos del Budismo Zen. Para descargarlo, hacer clik acá
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