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Si quieres cambiar tu cuerpo...

Nuestras células escuchan constantemente a nuestros pensamientos y se ven cambiadas por ellos. Un ataque de depresión puede causar desastres en el sistema inmunológico; enamorarse puede fortalecerlo. La desesperación y falta de esperanza aumenta el riesgo de sufrir ataques cardíacos o contraer un cáncer, acortando así la vida. El gozo y la satisfacción nos mantienen saludables y prolongan la vida. Esto significa que no es posible trazar con certeza la línea entre biología y psicología. El recuerdo de una tensión, que es sólo una brizna de pensamiento, libera el mismo torrente de hormonas destructivas que la tensión en sí. 
Como la mente influye sobre todas las células del cuerpo, el envejecimiento humano es fluido y cambiante; puede acelerarse, demorarse, detenerse un tiempo y hasta revertirse. Si uno se conociera tal como es, comprendería que es la fuente, el curso y la meta de toda la inteligencia fluyente.
Lo que las tradiciones religiosas del mundo llaman espíritu es la totalidad, la continuidad de la conciencia que supervisa todos los fragmentos y las piezas de la inteligencia. Son los vacíos en el conocimiento de nosotros mismos los que nos hacen víctimas de la enfermedad, el envejecimiento y la muerte. Perder la conciencia es perder inteligencia; perder inteligencia es perder el dominio sobre el producto final de ésta: el cuerpo humano. Por lo tanto, la lección más valiosa que puede enseñarnos ese nuevo paradigma es ésta: si quieres cambiar tu cuerpo, cambia primero tu conciencia.

  

Deepak Chopra
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El estado que perdimos

La salud perfecta, pura e invencible es el estado que perdimos. Volvamos a ganarla y, así, ganaremos un mundo.  La salud no es simplemente la ausencia de enfermedad. Es la sensación de júbilo que debería acompañarnos todo el tiempo, un estado de bienestar positivo.
Nuestro mecanismo de curación interior coincide perfectamente con el de nuestro exterior. El cuerpo humano no es como la verde pradera, pero su brisa, el agua cantarina, la luz del sol y la tierra se transformaron en nuestro interior y no quedaron en el olvido.
Todos necesitamos ser curados en el más alto sentido haciéndonos perfectos en mente, cuerpo y alma.  El primer paso consiste en darse cuenta de que aún es posible.  Para crear la salud se necesita de una nueva clase de conocimiento, basado en un concepto más profundo de la vida.  Aunque nuestra fachada humana de piel y huesos sea muy convincente, es en realidad una mascara, una ilusión que disfraza nuestro verdadero ser, un ser interior que no tienen limitaciones.
La razón por la que no todos somos capaces de llevar el proceso de curación hasta donde este puede llegar es que discrepamos drásticamente en nuestra capacidad de movilizarlo.  Existen algunas cosas que no requieren trabajo alguno y la curación es una de ellas. No es necesario que te esfuerces para llegar a silenciar tu mente; no debes trabajar para encontrar viejas heridas. Todas estas cosas, una vez que son descubiertas, representan un hecho. Este descubrimiento comienza en cualquier lugar en que te encuentres, pero su meta es siempre la misma: la revelación del todo que hace que el cuerpo, la mente y el alma sean una unidad.


Deepak Chopra
Viaje hacia el bienestar

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La vida es desequilibrio


La vida es desequilibrio, es crisis continua, es crecimiento, es un vórtice caótico. Si no tienes crisis, si no te duele la vida, si no te conmueves, estás muy grave aunque no te diagnostiquen un cáncer.
Pero si una enfermedad terminal terrible y estás despierto y eres consciente de ti y eres consciente de tu crecimiento, de tu dolor y estás aprendiendo la lección así sea dolorosamente, estas terriblemente vivo, mucho más vivo que los muertos autómatas que deambulan por todas las calles de las grandes ciudades del mundo.



Entonces morir o vivir no tiene nada que ver con estados perfectos de equilibrio, la vida es desequilibrio y el desequilibrio es significativo si nos aporta su lección que es aprendizaje.



Dr. Jorge Carvajal Posadas

Cuidar nuestro estado de ánimo y sentimientos


Cada sentimiento hace una impresión subconsciente que debe ser expresada, a menos que sea contrarrestada por un sentimiento más poderoso de una naturaleza opuesta. El que domina de dos sentimientos es el que se expresa.
Soy sano es un sentimiento más fuerte que seré sano. Sentir que seré es confesar que no lo soy; Yo soy es más fuerte que no lo soy.
Lo que sientes que eres siempre domina lo que sientes que te gustaría ser; por lo tanto, para que el deseo se realice debe sentirse como un estado donde ya es [una realidad], en lugar de un estado donde no lo es. La sensación precede la manifestación y es la fundación sobre la cual toda manifestación descansa.



Se cuidadoso de tus estados de ánimo y sentimientos, porque hay una conexión irrompible entre tus sentimientos y tu mundo visible. Tu cuerpo es un filtro emocional y soporta las marcas inconfundibles de tus emociones predominantes. Los disturbios emocionales, especialmente las emociones suprimidas, son las causas de toda enfermedad. El sentimiento intenso con respecto a algún perjuicio sin verbalizarse o expresarse, es el comienzo de las enfermedades tanto en el cuerpo como en el ambiente. No abrigues el sentimiento de arrepentimiento o fracaso porque la frustración o desapego de tu objetivo resulta en enfermedad.


Neville Goddard
Sentir es el Secreto

Rumiar y enfermar




Rumiar hace referencia a la costumbre alimenticia de los animales herbívoros de masticar por segunda vez el alimento, devolviéndolo de la cavidad del estómago donde estuvo almacenado. Por analogía, decimos que una persona es rumiadora mental cuando piensa de manera reiterada y obsesiva la misma cuestión. Por lo general el pensamiento repetitivo se localiza de manera obstinada en los porqué, los cómo y los qué de una emoción perturbadora, tratando de hallar una solución o un aplacamiento al malestar. Aunque a veces la rumiación pueda mostrar un consuelo aparente, las investigaciones muestran que en la mayoría de los casos el alivio esperado no se alcanza. Más aun, el pensamiento reiterativo puede llegar a enfermar a la persona porque actúa como un círculo vicioso que recicla la preocupación (ansiedad) y alimenta el esquema negativo.
Cuando estamos ante un problema que parece irresoluble, la mente puede optar por la estrategia compulsiva de volver una y otra vez sobre lo mismo, machacar, revisar y desmenuzar la información con la esperanza de que esta actividad analítica produzca un efecto benéfico. La autobservación es indispensable para potenciar nuestras capacidades, pero si se convierte en rumiación, el sentido original se distorsiona. La belleza de la meditación sería reemplazada por la actitud neurótica del que rezonga y refunfuña.
Hay circunstancias en las que el sistema se sobrecarga y pensar sesudamente se devuelve como un bumerang. En esos momentos, la solución al problema suele llegar por otros caminos, no tan racionales. Es el fenómeno del "ajá" o del "¡Eureka!", de la lamparita que se prende como por arte de magia y todo empieza a encajar. El cerebro logra reunir las piezas y capta la totalidad del rompecabezas. Se llama creatividad: un salto al vacío, el efecto sorpresa, un flash repentino donde la conclusión hace su súbita aparición sin que se entienda cómo.
Aléjate de vez en cuando de los temas que te preocupan, cambia de dial y deja que la mente se reorganice y adquiera una nueva perspectiva. El proceso creativo necesita de un período de descanso conocido como incubación. Hay que crear las condiciones para que el aparato mental pueda dar sus frutos. Ningún científico o artista lograría nada significativo si se dejara llevar por la premura de un pensamiento rumiador. Aclimatar y serenar la mente, alejarla de la cavilación, ponerla a hacer otra cosa. La mente desprevenida es la que prefieren las musas.



Walter Riso
Pensar bien, sentirse mejor

La enfermedad: medio de comunicación


El que entiende a la enfermedad como un lenguaje del alma, experimenta en primer plano en su propio cuerpo, que forma y contenido pertenecen siempre juntos, o, como lo expresó Goethe: "Todo lo que es pasajero es un símbolo". La enfermedad es el aspecto formal de un contenido espiritual, o, en otras palabras: los síntomas son la encarnación de temas espirituales.
Las enfermedades son de hecho meramente alternativas formas de un lenguaje corporal especial; por cierto el más popular medio de comunicación sobre la tierra. No obstante, a pesar de ser el comunicador más popular, ese hecho es en nuestra cultura solamente entendido en forma consciente por muy pocas personas. Pero no sería demasiado difícil, concientizarnos al respecto, ya que no solamente hablan nuestros cuerpos, sino usamos además contínuamente metáforas físicas en nuestro hablar: si agarramos algo, o si lo entendemos, si algunas cosas nos ponen nervioso o si otras nos invaden la cabeza, si tomamos algo a pecho o lo sentimos como un golpe, si temblores nos corren por el cuerpo o si algo nos saca el aliento, el lenguaje es siempre psicosomatico y demuestra una conexión entre alma y cuerpo, la cual nuestra sociedad redescubre poco a poco.



Adicional a este lenguaje del cuerpo y expresados en la simple descripción de síntomas, subrayados mediante expresiones coloquiales, proverbios e imágenes, están también a nuestra disposición los hallazgos de la medicina ortodoxa, para ayudarnos a interpretar nuestros síntomas. Desde ya, la descripción formal de los procesos patológicos es correcta y de ninguna manera superflua. (No sería posible seguir la trama de una obra de teatro, si no hubiera un escenario; sin iluminación todo estaría oscuro y sin vestimenta toda la obra sería mucho menos expresiva- hasta quizás embarazosa)

De la misma forma esta visión esotérica no es dirigida de ninguna manera en contra del establishment médico, sino más bien pensada en complementarlo. Debido a eso es innecesario asumir una posición en contra de la medicina ortodoxa, la que está, por cierto, casi exclusivamente dedicada al cuerpo físico, pero en ello, y en este nivel, es incomparablemente exitosa para realizar los "trabajos de reparación".
Alguien que se molesta porque los practicantes médicos modernos no se preocupan por la persona en su totalidad, puede compararse con un visitante de una pileta cubierta en la ciudad, que se queja de falta de visión al mar, aunque esa visión nunca le fue prometida, y a pesar de tener toda la libertad de deplazarse a la costa, en cuando le plazca.
Cualquier persona que quiere ser curada, debería buscar tratamiento holístico, lo cual no descarta a la medicina ortodoxa, pero de todas formas va mucho más allá que ésta. Tanto los síntomas como las conclusiones, deben ser considerados de igual importancia, y el conjunto debe ser armado poco a poco para formar así un cuadro completo de la enfermedad, junto con sus causas.
El área u órgano afectado, enseña donde está ubicado el problema; en caso de pulmonía en el área de contacto y comunicación. Las siguientes preguntas han demostrado ser de ayuda para hacer un diagnóstico:

¿Por qué me está pasando esto a mí en este momento?
¿Qué me imposibilita hacer el síntoma?
¿Qué me fuerza a hacer?
¿Qué sentido tiene eso en ese momento en mi vida?

Cualquier combinación de síntomas es siempre única y puede ser interpretada correctamente solamente cuando se toma también en consideración la situación individual colateral. Un diagnostico solamente se hace completo, si las circunstancias personales son tomadas en cuenta, al par de los organismos afectados.



Dr. Rüdiger Dahlke
La Enfermedad como camino

El cuerpo etérico y la salud




Debido a la estrecha relación existente entre el estado del cuerpo físico y la radiación energética del cuerpo etérico, a menudo se habla también de un aura de la salud. Antes de manifestarse en el cuerpo físico, las enfermedades se manifiestan en el aura etérica. Y pueden ser detectadas y tratadas en este plano. La denominada fotografía Kirlian consiguió hacer visible por primera vez esta radiación energética, propia de cada ser vivo. Basándose en este invento, se han hecho diagnósticos muy precisos y se han detectado enfermedades incluso cuando aún se encontraban en fase latente.
El cuerpo etérico, y con él el cuerpo físico, reaccionan de forma particularmente intensa a los impulsos mentales que proceden del cuerpo mental. Aquí estriba la razón de los éxitos que el pensamiento positivo tiene sobre la salud. Nosotros podemos favorecer la salud de nuestro cuerpo utilizando prudentemente las sugestiones positivas.
Otra función importante del cuerpo etérico consiste en servir de intermediario entre los cuerpos energéticos superiores y el cuerpo físico. Transmite al cuerpo emocional y al cuerpo mental las informaciones que recogemos a través de los sentidos corporales, y simultáneamente transmite energías e informaciones desde los cuerpos superiores al cuerpo físico. Cuando el cuerpo etérico se encuentra debilitado, este flujo de información y energía se halla obstaculizado, y el hombre puede parecer indiferente tanto en el plano emocional como en el mental.
Hay diversas formas de terapia idóneas para armonizar y recargar el cuerpo etérico. A este respecto es interesante señalar que las plantas, en particular las flores y los árboles, también poseen una radiación energética muy semejante al aura etérica del hombre. Puedes utilizar esta radiación para proporcionar nueva energía a tu propia aura. También se encuentra en los aceites esenciales,Pero también puedes ponerte en contacto directo con la energía de las plantas. Para ello, apoya tu espalda contra un árbol que te resulte simpático o abrázalo, descargando todo tu cuerpo contra él. Deja que la fuerza armonizadora y energética del árbol se transmita a tu interior. También puedes tumbarte en una pradera florida y repleta de aromas y dejar que las vibraciones de las delicadas flores te envuelvan y penetren. También las flores cortadas o las flores colocadas en un florero que tengas cerca, pueden transmitirte algo de su energía activadora y armonizadora. Las plantas reaccionan a tu amor y a tu agradecimiento por este servicio aumentando aún mas su fuerza de irradiación, pues entre sus misiones figura la de ayudar de esta forma al hombre.



Shaliia y Bodo J.
El Gran Libro de los Chakras