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Sé consciente, sin cesar

Debes conocer la esencia de la mente. Su intrínseca esencia es la pura claridad. Debes conocer las funciones de la mente. Sus funciones producen el tesoro de las enseñanzas. Cuando su actividad es siempre silenciosa, las miríadas de ilusiones se convierten en vacuidad.
Constantemente sé consciente, sin cesar. Cuando la mente es consciente, percibe la vacuidad de las cosas. Constantemente considera tu cuerpo como vacío y sereno, tanto en el interior como en el exterior. Sumerge el cuerpo en el reino de la realidad, allí donde nunca ha existido obstrucción alguna.
Mantén la unidad, sin alterarla. Si permaneces en este estado, en la actividad o en la quietud, serás capaz de percibir la naturaleza búdica* con toda claridad.


Tao-Hsin
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La liberación en cualquier lugar

No persigas a Buda, ni las enseñanzas, ni una comunidad. No persigas virtud, conocimiento, comprensión intelectual o cosas similares. Cuando ceses de abrigar sentimientos de confusión o de pureza, no te aferres a ese no buscar ni consideres que es lo correcto. No mores en ese punto final, ni ansíes alcanzar los cielos o sientas temor por los infiernos. Cuando la esclavitud o la libertad dejan de importarte, esto se llama la liberación de la mente y del cuerpo en cualquier lugar.


Pai-Chang
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Cuando eres libre

Cuando tu mente está más allá de la agitación o la serenidad en presencia de cuanto la rodea, sin concentrarse ni distraerse, percibiendo cualquier sonido o forma sin apego u obstrucción, a esto se llama ser un caminante.
No caer en la dualidad de lo bueno o lo malo, lo correcto o lo incorrecto, no aferrarse a  nada ni rechazar nada, se llama ser miembro de la gran caravana.
No estar esclavizado por lo bueno o lo malo, la vacuidad o la existencia, la confusión o la pureza, el esfuerzo o el desinterés, la mundanidad o la trascendencia, la virtud o el conocimiento, se llama sabiduría iluminada.
Una vez la afirmación y la negación, el deseo y la aversión, la aprobación y la desaprobación y toda la diversidad de opiniones y sentimientos cesan de surgir y no consiguen atarte, serás libre,  dondequiera que estés.


Pai-Chang
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Todo es el Camino

¿Qué es la ignorancia? Mientras tengas una mente fluctuante, con tendencias artificiales o compulsivas, todo eso es ignorancia. Si quieres comprender el camino directamente, la mente normal es el camino. La mente normal está libre de artificiosidad: se halla más allá de lo correcto o incorrecto, el apego o el rechazo, la extinción o la permanencia, la banalidad o la santidad. Una escritura dice: «La conducta de los seres iluminados no es la misma que la de la gente común o la de los santos».
En este preciso instante, estés andando, de pie, sentado, reclinado, afrontando situaciones o tratando con la gente, todo es el camino. El camino es el reino de la realidad. A pesar de las innumerables e inconcebibles funciones existentes, ninguna está más allá del reino de la realidad. Si no fuera así, ¿cómo podríamos hablar de la enseñanza de la mente original? ¿Cómo podríamos hablar de la inagotable lámpara?
Todos los fenómenos son fenómenos mentales; todos los nombres son denominaciones mentales. Todos los fenómenos surgen de la mente; la mente es la raíz de todos los fenómenos. Una escritura dice: «Puede ser grande o pequeño, cuadrado o redondo; se manifiesta en formas visibles en concordancia con las cosas y los seres, como la Luna reflejándose en el agua. Su efusiva función no echa raíces: no agota la acción deliberada ni permanece en la no-acción. La acción deliberada es una función de la no-artificialidad; la no-artificialidad es la base de la acción deliberada.


Ma-tsu
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Cuando posees lo esencial

La mente es el espejo y los fenómenos las imágenes. Cuando la mente se apega a los fenómenos, se involucra en las causas y condiciones externas, originando el nacimiento y la muerte de la mente. Cuando no se apega a los fenómenos permanece en la auténtica vacuidad de la mente.
Cuando alcanzas la no-dualidad, los términos son los mismos, en esencia no se  diferencian, aunque  tengan diferentes usos. Lo que en un estado de ignorancia se denomina consciencia, en un estado de Iluminación es llamado conocimiento; seguir el principio se denomina Iluminación, seguir las cosas se denomina ignorancia. Vivir en la ignorancia es dejar de percibir la mente original. Estar iluminado significa alcanzar la mente original. Una vez iluminado, conservas este estado para siempre, sin caer nunca más en la ignorancia. Es como cuando sale el Sol, no se mezcla con la oscuridad; cuando emerge la luz solar del conocimiento y de la sabiduría, no puede subsistir la oscuridad de las aflicciones. Cuando comprendes la mente y los objetos, las vanas ideas dejan de surgir.
Cuando las vanas ideas dejan de surgir, reconoces lo no-creado. Posees lo esencial. Ahora bien, si verdaderamente comprendes este principio, con precisión, y en lugar de fabricar acciones vives una existencia según tu destino, satisfaciendo tus mínimas necesidades estés donde estés, disciplinando tu conducta cada vez más y acumulando acciones puras, mientras puedas continuar de ese modo, ¿por qué preocuparte por no haber alcanzado todavía el conocimiento?


Ma-tsu
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Quietud, voluntad y esfuerzo

Las personas que aprenden el camino deben ante todo vaciar y aquietar sus mentes. La mente debe estar vacía y serena para poder comprender místicamente el principio sutil. Si no vacías la mente, es como una jarra llena de leche de mono: ¿cómo puedes llenarla al mismo tiempo con leche de león? Si la mente no está serena, es como una lamparilla de aceite en medio del viento, o como agua turbulenta ¿cómo podría reflejar las miríadas de formas?
Quienes se inician en el camino deben, en primer lugar, aquietar los pensamientos y minimizar los objetos de su atención, vaciando y serenando la mente. Con ello estarán asentando las bases para alcanzar el camino. Como Te-shan dijo: «No distraigas la mente con cosas ni tengas cosas en la mente, y de modo natural serás vacío y espiritual, tranquilo y sublime». 
Sin embargo, no debes instalarte en una vacía quietud, sentado relajado y sumergido en la nada. Debes estar realmente atento, investigar con diligencia: de ese modo podrás atravesar la barrera de lo ilusorio y realizar la gran tarea. Las personas tienen unos hábitos profundamente arraigados como resultado de haberlos acumulado desde el inicio de los tiempos; destruir sus raíces no resultará fácil. Necesitarás una fuerte voluntad que te estimule constantemente. Esfuérzate por progresar en tu trabajo, sin pensar cuánto tiempo tardarás en conseguirlo. Después de practicar durante mucho tiempo, alcanzarás, espontáneamente, la paz y la plenitud.


Yuan-hsien
Enseñanzas Zen

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Más allá del elogio y la crítica

Era un venerable maestro. En sus ojos había un reconfortante destello de paz permanente. Sólo tenía un discípulo, al que paulatinamente iba impartiendo la enseñanza mística. El cielo se había teñido de una hermosa tonalidad de naranja-oro, cuando el maestro se dirigió al discípulo y le ordenó:

-Querido mío, mi muy querido, acércate al cementerio y, una vez allí, con toda la fuerza de tus pulmones, comienza a gritar toda clase de halagos a los muertos.

El discípulo caminó hasta un cementerio cercano. El silencio era sobrecogedor. Quebró la apacible atmósfera del lugar gritando toda clase de elogios a los muertos. Después regresó junto a su maestro.

-¿Qué te respondieron los muertos? -preguntó el maestro.

-Nada dijeron.

-En ese caso, mi muy querido amigo, vuelve al cementerio y lanza toda suerte de insultos a los muertos.

El discípulo regresó hasta el silente cementerio. A pleno pulmón, comenzó a soltar toda clase de improperios contra los muertos. Después de unos minutos, volvió junto al maestro, que le preguntó al instante:

-¿Qué te han respondido los muertos?
-De nuevo nada dijeron -repuso el discípulo.

Y el maestro concluyó:
-Así debes ser tú: indiferente, como un muerto, a los halagos y a los insultos de los otros.

*El Maestro dice: Quien hoy te halaga, mañana te puede insultar y quien hoy te insulta, mañana te puede halagar. No seas como una hoja a merced del viento de los halagos e insultos. Permanece en ti mismo más allá de unos y de otros.



Cuento Zen
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Buscar una interpretación para todo

Un maestro zen descansaba junto a su discípulo. En determinado momento sacó un melón de su alforja, lo partió en dos, y ambos empezaron a comer. En el medio de la merienda, el discípulo comentó:

-Mi sabio maestro, yo sé que todo lo que Ud. hace tiene un sentido. Compartir este melón conmigo tal vez sea una señal de que tiene algo que enseñarme.

El maestro continuó comiendo en silencio.

-Por su silencio, entiendo la pregunta oculta -insistió el discípulo- Y debe ser la siguiente: el sabor que estoy experimentando al comer esta deliciosa fruta dónde está: ¿en el melón o en mi lengua?

El maestro no dijo nada. El discípulo entusiasmado prosiguió:

-Y como todo en la vida tiene un sentido, pienso que estoy cerca de la respuesta a esa pregunta: el sabor es un acto de amor e interdependencia entre los dos, porque sin el melón no habría un objeto de placer, y sin la lengua…

-¡Basta! -dijo el maestro. -¡Los más tontos son aquellos que se juzgan inteligentes, y buscan una interpretación para todo! El melón es sabroso y eso es suficiente, ¡ahora déjame comer en paz!


Cuentos Zen
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No por mucho sentarse se convierte en Buda


Cuando se murió su maestro, Ba se convirtió en monje peregrino.
Viajó mucho hasta llegar al monte Heng, en la provincia de Hunan, al sur del gran río Yangtsé. Allí, cerca de un monasterio, en una roca, se hizo una cabaña de ramas y empezó a dedicarse al zazen día y noche, inmóvil como un yogui de la india.
En la misma montaña vivía desde hacía catorce años Nangaku, discípulo de Eno, el sexto patriarca Zen. En sus paseos Nangaku se había fijado varias veces en aquel monje inmóvil, haciendo zazen a todas horas, y un día se paró y le dijo:

- ¿Qué haces tú ahí?
- Hago zazen – contestó Ba.
- ¿Qué quieres conseguir con eso? – preguntó Nangaku.
- Llegar a ser un Buda (iluminado).

Nangaku no dijo nada. Fue a recoger una teja caída del monasterio y empezó a frotarla en una piedra.
Ba, viéndole así un rato, dijo:

- ¿Qué haces tú ahí?
- Estoy frotando una teja en una piedra.
- ¿Para qué? – preguntó Ba.
- Para convertirla en un espejo.

Ba se echó a reír.
Entonces, Nangaku le miro:

- Igual de poco te vas a convertir tú en un Buda por sentarte.


Cuento Tradicional Zen
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Primero resuelve tus problemas

Gensha se lamentó un día ante sus seguidores:

- Otros maestros han mantenido siempre la necesidad de salvar a todo el mundo; pero supón que te encuentras con alquien que está sordo, mudo y ciego: él no podría ver tus gestos, oir tu predicación o, al mismo respecto, hacer preguntas. Incapaz de salvarle, has probado que eres un budista inútil.
Preocupado por estas palabras, uno de los discípulos de Gensha fue a consultar al maestro Ummon, quien, al igual que Gensha, era un discípulo de Seppo.

- Inclínate, por favor – dijo Ummon.

El monje, aunque cogido por sorpresa, obedeció el mandamiento del maestro; luego se enderezó con la esperanza de que su interrogante fuese respondido. Pero en vez de una respuesta, Ummon le lanzó un bastón. Él dio un salto hacia atrás.

- Bueno – dijo Ummon – no estás ciego.

- Ahora acércate.

El monje hizo como se le había ordenado.

- Bien, – dijo Ummon – tampoco estás sordo. Bueno, ¿comprendes?

- ¿Comprender qué, señor?, – dijo el monje.

- Ah, tampoco estás mudo, – dijo Ummon.

Al oír estas palabras el monje despertó como de un profundo sueño.

Vayas donde vayas encontrarás personas que no pueden entender. No piensas siempre en los demás. Primero resuelve tus problemas, entonces tendrás la claridad para ayudar también a los demás.


Extraído de "Y llovieron flores, historias y enseñanzas Zen" de Osho
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Sin miedo




Durante las guerras civiles en el Japón feudal, un ejército invasor podía barrer rápidamente con una ciudad y tomar el control. En una aldea en particular, todos huyeron momentos antes que llegara el ejército; todos excepto el maestro de Zen.
Curioso por este viejo, el general fue hasta el templo para ver por sí mismo qué clase de hombre era este maestro. Como no fuera tratado con la deferencia y sometimiento a los cuales estaba acostumbrado, el general estalló en cólera.

-¡Estúpido!, – gritó mientras alcanzaba su espada-,- ¡no te das cuenta que estás parado ante un hombre que podría atravesarte sin cerrar un ojo!

Pero a pesar de la amenaza, el maestro parecía inmóvil.

- ¿Y usted se da cuenta?, – contestó tranquilamente el maestro- ¿que está parado ante un hombre que podría ser atravesado sin cerrar un ojo?


Cuento tradicional Zen

Tirar al blanco




Después de ganar varias competencias de tiro al blanco, el joven y presumido campeón, desafió a un maestro del Zen famoso por su habilidad como arquero. El joven demostró una habilidad técnica muy buena cuando impactó el centro del blanco en su primer intento. Su segundo tiro era igual de perfecto y dijo al anciano:

- ¡Allí lo tiene! ¿Vea si puede igualar eso?

Imperturbado, el maestro no sacó su arco. Le hizo un gesto para que lo acompañara a la montaña.

Curioso sobre las intenciones del viejo, el campeón lo siguió, hasta que llegaron a un profundo abismo atravesado por un débil e inestable tronco.

El viejo maestro caminó tranquilamente hasta el centro del frágil y peligroso puente, escogió un lejano árbol como blanco, sacó su arco, y disparó un tiro limpio y directo.

- Ahora es su turno, – le dijo mientras regresaba distinguidamente hasta suelo seguro.

El joven miró con terror el abismo sin fondo y no pudo forzarse a caminar sobre el tronco, ni menos disparar al blanco.

- Usted tiene mucha habilidad con su arco, – dijo el maestro, notando el aprieto de su desafiante – pero tiene poca habilidad con la mente, que le deja aflojar el tiro.



Cuento Tradicional Zen

No perder la calma




En un monasterio había un anciano monje ante el cual los jóvenes novicios se sentían intimidados; no porque fuera severo con ellos, si no porque nada parecía perturbarlo o afectarlo nunca.
Así, veían en él algo inquietante y le temían. Al fin sintiendo que no podían soportar más esa situación, decidieron ponerlo a prueba. Una oscura mañana e invierno, cuando era tarea del anciano llevar la ofrenda del té a la sala del Fundador, el grupo de novicios se oculto en un recodo del largo y sinuoso corredor que a ella llevaba. Al pasar le anciano, salieron de su escondite dando alaridos como una horda de demonios.
Sin que su paso vacilará, el anciano siguió andando con calma, llevando cuidadosamente el té. En la siguiente vuelta del corredor, como él bien sabía, había una mesita. Se dirigió hacia ella en la oscuridad, depositó la taza, la cubrió para protegerla del polvo, y entonces, apoyándose sobre la pared, prorrumpió:

- ¡Oh, oh, oh! – en exclamaciones de susto.

Un maestro del Zen, al relatar esta anécdota, comentaba:

- Se ve, pues, que nada tiene de malo las emociones.

- Sólo que no debe dejarse que nos arrastren o perturben lo que estamos haciendo.



Cuento Tradicional Zen

El verdadero milagro


Cuando Bankei estaba enseñando en el templo de Trymon, un monje Shinshu, que creía en la salvación a través de la repetición del nombre del Buddha del amor, estaba celoso de su gran audiencia y quería tener un debate con el.
Bankei estaba en el medio de un sermón cuando el monje apareció, pero creó tanto revuelo que Bankei dejó su discurso y preguntó a que se debía todo aquel ruido.

- El fundador de nuestra secta – empezó el monje – tiene tales poderes milagrosos que puede mover un pincel a un lado del rio, y escribir el sagrado nombre de Amida sobre un papel sujetado por un ayudante en la otra orilla. ¿Puedes tu hacer semejantes cosas?

Bankei respondió tranquilamente:
- Quizas tu maestro sea capaz de hacer semejante truco, pero ese no es el camino del Zen. Mi milagro es que cuando tengo hambre, como, y cuando tengo sed, bebo.




Cuento Tradicional Zen

Prosperidad


Un hombre rico le pidió una vez a Sengai que escribiese unos versos para la prosperidad de su familia. Un símbolo que pudiera ser pasado de generación en generación.



Sengai tomo una gran hoja de papel y escribió:

- El padre muere, el hijo muere, el nieto muere.

El hombre rico se enfadó muchíssimo:

- ¡Te he pedido que escribas algo para la felicidad de mi familia! ¿Porqué te ries de mi?

- No pretendía reirme de ti – explicó Sengai - Si antes que tu mueras lo hiciese tu hijo, esto te causaría gran dolor. Si tu nieto muriese antes que tú y tu hijo, a ambos os partiría el corazón. Si en tu familia, generación tras generación muriesen en el orden que he escrito, seguirían el curso natural de la vida. Yo a esto lo llamo prosperidad.



Cuentro Tradicional Zen

Sin miedo


Durante las guerras civiles en el Japón feudal, un ejército invasor podía barrer rápidamente con una ciudad y tomar el control. En una aldea en particular, todos huyeron momentos antes que llegara el ejército; todos excepto el maestro de Zen.
Curioso por este viejo, el general fue hasta el templo para ver por sí mismo qué clase de hombre era este maestro. Como no fuera tratado con la deferencia y sometimiento a los cuales estaba acostumbrado, el general estalló en cólera.

-¡Estúpido!, – gritó mientras alcanzaba su espada-, ¡no te das cuenta que estás parado ante un hombre que podría atravesarte sin cerrar un ojo!

Pero a pesar de la amenaza, el maestro parecía inmóvil.

- ¿Y usted se da cuenta?, – contestó tranquilamente el maestro- que está parado ante un hombre que podría ser atravesado sin cerrar un ojo?





Cuento Tradicional Zen