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Culpar a otros


Es fácil culpar a otros por nuestras decepciones en la vida. Ese es un patrón común a muchos antes de embarcarse conscientemente en un camino espiritual. Sin embargo, después de un breve tiempo descubrimos que ya no podemos culpar a los demás. Cualquiera que sea la escuela de aprendizaje a la cual adherimos en nuestro desarrollo, iremos aprendiendo a no culpar a nadie más, sin importar cuán traumático pudo haber sido el abuso de otros hacia nosotros. En lugar de eso, tenemos que mirar a nuestra desgracia como una bendición, aprender de ella, y seguir adelante con nuestras vidas.



Esto suena bastante fácil, pero lograrlo no es siempre tan simple. Ayuda para comprender que tal vez nosotros atrajimos e incluso pedimos esas desafortunadas situaciones para poder aprender a creer en nosotros mismos un poco más. A fin de desarrollar una cualidad particular del alma, el asunto tiene que ser forzado sobre nosotros. Si hubiéramos nacido en una familia cariñosa, -por ejemplo- no habría necesidad de trabajar sobre nuestra autoestima. Los miembros de la familia siempre serían amorosos y nos apoyarían. A menudo es sólo cuando estamos "contra la pared" que hacemos un esfuerzo para cambiar.
Imaginemos que llevamos nuestra historia con nosotros. En nuestra mente hay un registro de todo lo que hemos dicho, pensado, o hecho alguna vez. Este registro actúa como un ordenador que transmite mensajes al universo, diciéndole que nos envíe lo que sea necesario para nuestro crecimiento. Lo que vuelve a nosotros puede venir en forma de experiencias de todo tipo. No importa si parecen positivas o negativas, todo se considera aprendizaje. No hay juicio en cuestión. La computadora no dice: "Ahora tú necesitas una mala experiencia." Simplemente nos da lo que necesitamos para equilibrar la balanza y nos mantiene constantemente en nuestro camino. Si nos desviamos, de vez en cuando nos dará otra experiencia para traernos de vuelta al medio de la ruta que nos conduce a la montaña.



Jill Downs
The Awakening of the Heart

Todos contra mi


El resentimiento, las críticas, la culpa y el miedo causan más problemas que ninguna otra cosa. Ellos son las que provocan los principales desarreglos en nuestro cuerpo y en nuestra vida. Son sentimientos que se generan en el hecho de culpar a otros en vez de asumir la responsabilidad por nuestras propias experiencias. Si somos responsables en un ciento por ciento de todo lo que nos sucede en la vida, entonces no hay nadie a quien podamos culpar. Sea lo que fuere lo que está sucediendo «ahí fuera», no es más que un reflejo de lo que pensamos interiormente. No estoy perdonando el mal comportamiento de otras personas, pero son nuestras creencias lo que atrae a la gente que nos trata de esa manera.



Si se descubre diciendo que todos le hacen siempre tal o cual cosa, lo critican, no le ayudan jamás, lo tratan como a un felpudo y lo insultan, piense que eso es su modelo. En su mente hay alguna idea que atrae a las personas que exhiben ese comportamiento. Cuando deje de pensar de esa manera, se irán a otra parte a hacérselo a otro, porque usted ya no los atraerá.
He aquí algunos resultados de las pautas que se manifiestan en el nivel físico: Un resentimiento largamente cultivado puede carcomer el cuerpo hasta convertirse en la enfermedad que llamamos cáncer. Con frecuencia, el hábito permanente de la crítica conduce a la aparición de artritis. La culpa siempre busca el castigo, y el castigo provoca dolor. La tensión que el miedo produce puede provocar afecciones como la calvicie, úlceras e incluso llagas en los pies.
He comprobado que al perdonar y renunciar al resentimiento se puede disolver incluso el cáncer. Esto puede parecer simplista, pero es algo que he visto y he experimentado personalmente.



Louise Hay
Usted puede sanar su vida