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Primero resuelve tus problemas

Gensha se lamentó un día ante sus seguidores:

- Otros maestros han mantenido siempre la necesidad de salvar a todo el mundo; pero supón que te encuentras con alquien que está sordo, mudo y ciego: él no podría ver tus gestos, oir tu predicación o, al mismo respecto, hacer preguntas. Incapaz de salvarle, has probado que eres un budista inútil.
Preocupado por estas palabras, uno de los discípulos de Gensha fue a consultar al maestro Ummon, quien, al igual que Gensha, era un discípulo de Seppo.

- Inclínate, por favor – dijo Ummon.

El monje, aunque cogido por sorpresa, obedeció el mandamiento del maestro; luego se enderezó con la esperanza de que su interrogante fuese respondido. Pero en vez de una respuesta, Ummon le lanzó un bastón. Él dio un salto hacia atrás.

- Bueno – dijo Ummon – no estás ciego.

- Ahora acércate.

El monje hizo como se le había ordenado.

- Bien, – dijo Ummon – tampoco estás sordo. Bueno, ¿comprendes?

- ¿Comprender qué, señor?, – dijo el monje.

- Ah, tampoco estás mudo, – dijo Ummon.

Al oír estas palabras el monje despertó como de un profundo sueño.

Vayas donde vayas encontrarás personas que no pueden entender. No piensas siempre en los demás. Primero resuelve tus problemas, entonces tendrás la claridad para ayudar también a los demás.


Extraído de "Y llovieron flores, historias y enseñanzas Zen" de Osho
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Adversidad

El oro para ser purificado debe pasar por el fuego, así como el ser humano necesita pruebas para pulir su carácter. Pero lo más importante es: ¿Cómo reaccionamos frente a las pruebas?.
Una hija se quejaba a su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.
Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.
La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre.
A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un recipiente. Sacó los huevos y los colocó en otro. Coló el café y lo puso en un tercer recipiente.
Mirando a su hija le dijo: "Querida, ¿qué ves?". "Zanahorias, huevos y café", fue su respuesta.
La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.
Humildemente la hija preguntó: "¿Qué significa esto, padre?".
Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: ¡agua hirviendo!, pero habían reaccionado en forma diferente.
La zanahoria llegó al agua siendo fuerte y dura. Pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer.
El huevo había llegado al agua siendo frágil. Su cáscara fina protegía su interior líquido. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido.
Los granos de café sin embargo eran únicos. Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.
"¿Cual eres tú?", le preguntó a su hija. "Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes?. ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?"
Y hoy te lo pregunto yo a ti... ¿Cómo eres tú, mi querido amigo?.
¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?.
¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable. Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, un divorcio o un despido te has vuelto duro y rígido?. Por fuera te ves igual, pero... ¿eres amargado(a) y áspero(a), con un espíritu y un corazón endurecido?.
¿O eres como un grano de café?. El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. ¡Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor!. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor... ¡tú reaccionas mejor! y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.
¿Cómo manejas la adversidad?.




Autor desconocido

Si querés tener problemas... tenés problemas




Lentamente, el sol se había ido ocultando y la noche había caído por completo. Por la inmensa planicie de la India se deslizaba un tren como una descomunal serpiente quejumbrosa.
Varios hombres compartían un departamento y, como quedaban muchas horas para llegar al destino, decidieron apagar la luz y ponerse a dormir. El tren proseguía su marcha. Transcurrieron los minutos y los viajeros empezaron a conciliar el sueño. Llevaban ya un buen número de horas de viaje y estaban muy cansados.
De repente, empezó a escucharse una voz que decía:

- ¡Ay, qué sed tengo! ¡Ay, qué sed tengo!

Así una y otra vez, insistente y monótonamente. Era uno de los viajeros que no cesaba de quejarse de su sed, impidiendo dormir al resto de sus compañeros. Ya resultaba tan molesta y repetitiva su queja, que uno de los viajeros se levantó, salió del departamento, fue al lavabo y le trajo un vaso de agua. El hombre sediento bebió con avidez el agua.
Todos se echaron de nuevo. Otra vez se apagó la luz. Los viajeros, reconfortados, se dispusieron a dormir. Transcurrieron unos minutos.

Y, de repente, la misma voz de antes comenzó a decir:

- ¡Ay, qué sed tenía, pero qué sed tenía!



Ramiro A. Calle
Libro 101 cuentos clásicos de la India

El árbol de los problemas


Había contratado un carpintero para ayudarme a reparar mi vieja granja. Él acababa de finalizar su primer día de trabajo que había sido muy duro. Su sierra eléctrica se había estropeado lo que le había hecho perder mucho tiempo y ahora su antiguo camión se negaba a arrancar.
Mientras lo llevaba a su casa, permaneció en silencio. Una vez que llegamos, me invitó a conocer a su familia. Nos dirigíamos a la puerta de su casa y se detuvo brevemente frente a un precioso olivo centenario. Tocó el tronco con ambas manos.
Al entrar en su casa, ocurrió una sorprendente transformación. Su bronceada cara sonreía plenamente. Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa. La energia había cambiado completamente. Posteriormente me acompañó hasta el coche.
Cuando pasamos cerca del olivo, sentí curiosidad y le pregunté acerca de lo visto cuando entramos.



- Ese es mi árbol de los problemas, – contestó
- Sé que no puedo evitar tener problemas durante el día como hoy en el trabajo por ejemplo, pero no quiero traer estos problemas a mi casa. Así que cuando llego aquí por la noche cuelgo mis problemas en el árbol. Luego a la mañana cuando salgo de mi casa los recojo otra vez.
- Lo curioso es, – dijo sonriendo – que cuando salgo a la mañana a recoger los problemas del árbol, ni remotamente encuentro tantos como los que recuerdo haber dejado la noche anterior.



Fuente: Cuentos Sabios

Fórmula zen para resolver problemas


Muchas veces, cuando tenemos problemas, nos empeñamos en darles el tratamiento equivocado. De hecho, parece que en vez de problemas sean trofeos que deben ser exhibidos, temas de conversación que nos hacen reforzar nuestro victimismo.
La historia que os presento va de como lidiar con las dificultades que nos presenta la vida…
Y es que muchas veces nos quedamos obnubilados por los obstáculos de la vida. No podemos reaccionar, creemos que no sabemos cómo hacerlo, y los miedos se apoderan de nosotros.
Pues bien, a veces es tan sencillo como tomar la iniciativa e ir a por la solución…

El Gran Maestro y el Guardián se dividían la administración de un Monasterio Zen. Cierto día, el Guardián murió y fue preciso sustituirlo.
El Gran Maestro reunió a todos los discípulos para escoger quién tendría la honra de trabajar directamente a su lado.

-”Voy a presentarles un problema”,- dijo el Gran Maestro,- “y aquél que lo resuelva primero, será el nuevo guardián del Templo.”

Terminado su corto discurso, colocó un banquillo en el centro de la sala; encima estaba un florero de porcelana seguramente carísimo, con una rosa roja que lo decoraba.



-”Éste es el problema”-, dijo el Gran Maestro; -“resuélvanlo“.

Los discípulos contemplaron perplejos el “problema”, por lo que veían los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y la elegancia de la flor.
¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál sería el enigma?
Pasó el tiempo sin que nadie atinase a hacer nada salvo contemplar el “problema”, hasta que uno de los discípulos se levantó, miró al Maestro y a los alumnos, caminó resueltamente hasta el florero y lo tiró al suelo, destruyéndolo.

- ¡Al fin alguien que lo hizo! - exclamó el Gran Maestro - ¡Empezaba a dudar de la formación que les hemos dado en todos estos años!. Usted es el nuevo guardián.

Al volver a su lugar el alumno, el Gran Maestro explicó: - “Yo fui bien claro: dije que ustedes estaban delante de un “problema”. No importa cuán bello y fascinante sea un problema, tiene que ser eliminado.

Un problema es un problema; puede ser un florero de porcelana muy caro, un lindo amor que ya no tiene sentido, un camino que precisa ser abandonado, por más que insistimos en recorrerlo porque nos trae confort… Solo existe una manera de lidiar con un problema: atacándolo de frente.
En esas horas, no se puede ser tentado por el lado fascinante que cualquier conflicto acarrea consigo.
Recuerda que un problema, es un problema. No tiene caso tratar de “acomodarlo” y darle vueltas, si al fin y al cabo ya no es otra cosa más que “UN PROBLEMA”.
Déjalo, hazlo a un lado y continúa disfrutando de lo hermoso y lo que vale la pena en la vida.
¡No huyas de él… acaba con él!.


Soltar y dejar estar


Soltar es el más fundamental y primordial de los principios. Cuando se presentan los problemas y somos capaces de hacerlo, simplemente soltémoslos. Por regla general, descubrimos que estamos demasiado apegados o embrollados con la historia o el sentimiento para hacerlo. Otras veces, intentaremos soltar porque algo no nos gusta. Pero esto no es soltar; es aversión. Sólo cuando hay equilibrio en la mente y compasión en el corazón, se puede producir el auténtico soltar.
Cuando no es posible soltar, se puede utilizar una versión más blanda de esta práctica, denominada "Déjalo Estar." Se presente lo que se presente, dejémoslo ir y venir. "Dejar Estar" no significa escapar o eludir, sino simplemente liberar. Permite que lo que esté presente surja y pase, como las olas de un océano. Si hay llanto, llora. Si surge pena o ira, déjalas estar.
El universo nos ofrece todas las cosas para despertar y abrir nuestro corazón. “No puedes detener las olas, pero puede aprender surf”. De este modo, podemos acoger las contradicciones de nuestra vida y soltarlas o dejarlas estar.





Jack Kornfield
Camino con corazón

¿Pre-ocuparse u ocuparse?


Si miramos el lenguaje con exactitud, podemos comprobar como el prefijo “pre” significa “antes de”. Al afirmar que estamos “pre–ocupados” por alguna situación de nuestra vida, realmente lo que estamos haciendo es trayendo el futuro al presente de forma negativa, ya que estamos temiendo esa situación, la estamos calificando a través del miedo.
Cuando decimos que estamos “pre–ocupados” por algo estamos sufriendo, y el indicativo de nuestro sufrimiento son nuestros sentimientos, no estamos felices cuando nos “pre–ocupamos” por algo de nuestra vida, más bien nos impregnamos de sentimientos de inseguridad, angustia, duda, en definitiva de miedo, y el miedo es el lado opuesto de la fe.
Si igualmente miramos con exactitud el lenguaje, la “fe” es “certeza de lo que va a ocurrir”, nadie tiene “fe” de que le pasen cosas que puedan ser negativas en su vida, al igual que nadie tiene miedo a que le pasen situaciones que le puedan hacer feliz en su vida, nadie le teme a eso.
“Pre–ocuparse” por las cosas es perjudicial para nosotros, ya que nos enfocamos en lo que no queremos que suceda, le prestamos atención a eso que nos da miedo, y como el Maestro Saint Germain ha repetido incesantemente, “Allí donde está tu atención, allí estás tu. Donde está tu atención, en eso te conviertes”.
Si hay alguna situación de nuestra vida que queramos cambiar tenemos que OCUPARNOS de ella en el momento presente. Lo primero que podemos hacer es quitarle poder a esa situación que tememos, diciendo con fe: LE QUITO PODER A ESTA APARIENCIA DE MIEDO, BORRO ESTE ARQUETIPO MENTAL DE MI VIDA.
¿Sabes que es un Arquetipo mental? Los “Arquetipos Mentales” son imágenes creadas con la mente, que dan origen a toda nuestra vida, ya que como afirma la Física Cuántica “Todo se crea por un pensamiento previo”. La silla donde estoy sentado en este momento, antes de ser silla, ha pasado por la mente de la persona que la ha diseñado, lo mismo pasa con nuestro coche, nuestro ordenador, nuestros calcetines etc.
Al igual que como seres humanos somos capaces de crear una nave que va a la luna, o un satélite, somos capaces de crear nuestra vida como queramos. Una vez que le hayamos quitado poder a esa situación a la que tememos, tenemos que calificarla de forma positiva, ya que por principio de POLARIDAD, absolutamente todo tiene un lado positivo, aunque a veces seamos incapaces de verlo.
A partir de aquí, si realmente queremos modificar esa situación, tenemos que incluirle sentimientos, pensamientos, acciones y palabras positivas, en definitiva poner las CAUSAS, para que podamos recoger los EFECTOS de forma positiva, ya que por principio de CAUSA- EFECTO, toda CAUSA tiene un EFECTO, y todo EFECTO tiene una CAUSA, al igual que todo ESTÍMULO tiene una RESPUESTA.
Einstein decía “Si queréis resultados distintos, no hagáis lo mismo”, la mayoría de las personas tenemos experiencia en “pre–ocuparnos” por situaciones de nuestra vida, hagámoslo diferente, OCUPÉMONOS de las situaciones en el momento presente, y no traigamos el futuro al presente de forma negativa a nuestra vida, por que lo que sembramos hoy es lo que recogeremos mañana, y si sembramos lechugas no podemos recoger tomates.
Si sembramos CAUSAS negativas, no podemos recoger EFECTOS positivos, eso iría contra las leyes de la naturaleza, al igual que las lechugas y los tomates.
El Elohim “Hercules” decía “No aceptes limitaciones en ti, cuando tú sabes que sólo requieres el ejercicio de tu voluntad, para extraer de adentro de ti todo lo que necesites”, si queremos modificar a un polo positivo alguna situación de nuestra vida, ocupémonos de ella, y dejemos de “pre–ocuparnos”, porque ya sabemos que lo que estamos haciendo es construir esa situación de forma negativa.
Ahora sólo tenemos el poder de cambiar las situaciones de nuestra vida, única y particular, no la de nuestro hijo, nuestra pareja, nuestra jefa, nuestro vecino, etc. Cada persona por “libre albedrío” tiene libertad de pensar y sentir cada situación de forma positiva o negativa, y por tanto construir su vida como quiera, y nadie tiene el poder de decidir pensar y sentir por otra persona, por mucho que la quiera, o por muy apegado que se sienta a ella.





Manuel Esteban Bernabé Cañadas
Autor del libro “7 Secretos del éxito”