Ser consciente de la impermanencia




El sufrimiento no es más que sufrimiento. La felicidad no es más que felicidad. El calor no es más que calor. El frío no es más que frío. No se trata de: “Soy feliz, estoy sufriendo, soy bueno, soy malo, he ganado, he perdido algo”. ¿Acaso se puede perder algo?
En lugar de apegarte a estos estados, los reconoces tal como son. Si eres feliz, piensas: “¡Oh!, la felicidad no es duradera”. Si estás sufriendo, piensas: “¡Oh!, el sufrimiento no es duradero”. “¡Oh!, esto es maravilloso, pero no es permanente”. ¡Oh!, esto es horrible, pero no es permanente”. Todos esos estados tienen sus límites, o sea que no te apegues a ellos.
Todo es impermanente. Así son las cosas, no acatan nuestros deseos. La noble verdad de la impermanencia gobierna el mundo, es lo único permanente que hay en él. Pero nosotros creemos lo contrario, por eso debemos fijarnos en esta noble verdad. Sea lo que sea lo que te ocurra, acéptalo. Todo cuanto te ocurre es correcto por naturaleza, ya que es impermanente y está cambiando sin cesar. Nuestro cuerpo es así. Todos los fenómenos del cuerpo y de la mente son así. No podemos evitarlo, ni tampoco impedir que dejen de cambiar. Cambian sin cesar porque son impermanentes. Si no luchas contra esta realidad, siempre serás feliz, sea cual sea tu situación. Dondequiera que estés sentado, serás feliz. Dondequiera que duermas, serás feliz. Incluso no te importará demasiado hacerte viejo. Así es como son las cosas, o sea que has de procurar que tu mente sea consciente de la realidad de la impermanencia constantemente y no olvidarte nunca de ella. Tenla siempre presente y no confíes en las cosas demasiado, la vida es tal como es. No creas en la felicidad No creas en el sufrimiento. No caigas en la trampa de correr tras cualquier estado. De esta manera se abrirá un camino: la plena conciencia de sí, la atención vigilante y la sabiduría que todo lo impregna. Si lo sigues, no habrá nada que pueda engañarte, porque ya habrás tomado el camino correcto.


Ajahn Chah
Todo llega, todo pasa

La dinámica que generas




¿Cerraste puertas? Entonces abriste otras. Y esas otras puertas tienen reservado para ti un diferente escenario. ¿Escenarios buenos o escenarios malos? No hay tal calificativo. Son apenas diferentes escenarios o potenciales para otras oportunidades. Son simplemente ventanas o puertas que necesitan ser abiertas o ser cerradas.
Piensas, aspiras y deseas cosas. más la mayoría de las veces obtienes lo contrario de aquello que deseabas originalmente. ¿Por qué ocurre so? Eso ocurre por una infinidad de factores que juegan un gran papel en el contexto de lo que llamamos el entramado ínterdimensional. Cuando decides encaminarte hacia un determinado sentido, las conexiones empiezan a activarse. Pero en el mismo instante en que vacilas y dudas acerca de aquello que deseabas. inmediatamente se disipan esas conexiones y se abren otras.
La dinámica de aquello que tú pudieras esperar y luego, de aquello que tú pudieras generar. es muy cambiante, porque esa dinámica la generas tú con tus pensamientos, tus deseos y tus visualizaciones. ¿Qué tan fuerte, qué tan intensa es tu visualización? ¿Qué tan poderoso es tu deseo? ¿Aquello que tú deseas. lo deseas intensamente como tú crees hacerlo? ¿O es que acaso dudas de aquello que tú consideras como la debilidad o la pequeñez de tu ser? ¿Dudas de tu real potencial?


Kryon
El poder de la esencia de tu corazón

El fracaso y el éxito


El fracaso reside oculto en cada éxito, y el éxito en cada fracaso. En este mundo, es decir, en el nivel de las formas, todos "fracasamos" antes o después, y todas las realizaciones acaban convirtiéndose en nada.



Todas las formas son impermanentes. Puedes mantenerte activo y disfrutar manifestando y creando nuevas formas y circunstancias, pero ya no te identificarás con ellas. No las necesitas para tener una identidad. Ellas no son tu vida; sólo son tu situación de vida.



Eckhart Tolle
El Poder del Ahora

La visión del mundo


Cuanto más intensamente creas que algo es verdad, más posibilidades hay de que ese algo se convierta en algo absolutamente verdadero para ti. Si tú crees en una cosa, no es posible que te puedas imaginar que esa cosa sea de otra manera. Tus creencias te dan una especie de visión encajonada y hacen que ignores toda información que te llegue que no esté de acuerdo con lo que has decidido creer.
No se cree lo que se ve, sino que se ve lo que se cree; por ejemplo, si estás profundamente convencido de que estás llamado a ser algo grande en la vida, harás, pase lo que pase, todo lo posible para avanzar hacia esa meta. No habrá nada que te detenga. Por otro lado, si crees que el éxito está supeditado a la suerte o a la casualidad, te descorazonarás y te contrariarás fácilmente cuando las cosas no te salgan según tu conveniencia. Tus creencias te empujan tanto hacia el éxito como hacia el fracaso.
Por regla general, la gente adopta una de las dos formas que hay de mirar el mundo. La primera es la que se llama visión benevolente. Si tienes esta visión, lo normal es que creas que el mundo es un sitio bastante bueno para vivir. Tienes tendencia a ver el lado bueno de la gente y de las situaciones y a creer que a tu alrededor llueven oportunidades que podrás aprovechar sin problemas. Crees que, aunque no eres perfecto, no dejas de ser en general una persona bastante buena. Tienes fe en un futuro en el que tienen cabida tú y los demás. Eres por encima de todo optimista.
La otra forma de mirar el mundo es la de la visión malevolente. Una persona con una visión de esta clase generalmente adopta una postura negativa y pesimista hacia ella misma y hacia la vida. Cree que es «inútil luchar contra el poder constituido», que «el rico es cada vez más rico y el pobre cada vez más pobre» y que «trabajes lo duro que trabajes, si no tienes agarraderas, no te servirá de nada». Este último tipo de persona ve la injusticia, opresión y la desgracia en todas partes. Cuando las cosas le van mal, como casi siempre le sucede, lo achaca a la mala suerte o a la maldad de la gente. Se considera víctima. Debido a esta actitud, no le gusta su modo de ser ni siente respeto por sí misma.





Brian Tracy
Las Siete Leyes Mentales Naturales

El cuerpo etérico y la salud




Debido a la estrecha relación existente entre el estado del cuerpo físico y la radiación energética del cuerpo etérico, a menudo se habla también de un aura de la salud. Antes de manifestarse en el cuerpo físico, las enfermedades se manifiestan en el aura etérica. Y pueden ser detectadas y tratadas en este plano. La denominada fotografía Kirlian consiguió hacer visible por primera vez esta radiación energética, propia de cada ser vivo. Basándose en este invento, se han hecho diagnósticos muy precisos y se han detectado enfermedades incluso cuando aún se encontraban en fase latente.
El cuerpo etérico, y con él el cuerpo físico, reaccionan de forma particularmente intensa a los impulsos mentales que proceden del cuerpo mental. Aquí estriba la razón de los éxitos que el pensamiento positivo tiene sobre la salud. Nosotros podemos favorecer la salud de nuestro cuerpo utilizando prudentemente las sugestiones positivas.
Otra función importante del cuerpo etérico consiste en servir de intermediario entre los cuerpos energéticos superiores y el cuerpo físico. Transmite al cuerpo emocional y al cuerpo mental las informaciones que recogemos a través de los sentidos corporales, y simultáneamente transmite energías e informaciones desde los cuerpos superiores al cuerpo físico. Cuando el cuerpo etérico se encuentra debilitado, este flujo de información y energía se halla obstaculizado, y el hombre puede parecer indiferente tanto en el plano emocional como en el mental.
Hay diversas formas de terapia idóneas para armonizar y recargar el cuerpo etérico. A este respecto es interesante señalar que las plantas, en particular las flores y los árboles, también poseen una radiación energética muy semejante al aura etérica del hombre. Puedes utilizar esta radiación para proporcionar nueva energía a tu propia aura. También se encuentra en los aceites esenciales,Pero también puedes ponerte en contacto directo con la energía de las plantas. Para ello, apoya tu espalda contra un árbol que te resulte simpático o abrázalo, descargando todo tu cuerpo contra él. Deja que la fuerza armonizadora y energética del árbol se transmita a tu interior. También puedes tumbarte en una pradera florida y repleta de aromas y dejar que las vibraciones de las delicadas flores te envuelvan y penetren. También las flores cortadas o las flores colocadas en un florero que tengas cerca, pueden transmitirte algo de su energía activadora y armonizadora. Las plantas reaccionan a tu amor y a tu agradecimiento por este servicio aumentando aún mas su fuerza de irradiación, pues entre sus misiones figura la de ayudar de esta forma al hombre.



Shaliia y Bodo J.
El Gran Libro de los Chakras

El testigo


No soy los objetos, no soy las sensaciones, no soy los deseos, no soy los pensamientos.



Mientras descansas en la realización del Testigo -no soy los objetos, no soy las sensaciones, no soy los pensamientos- todo lo que observarás es una sensación de libertad, una sensación de liberación, una sensación de alivio... alivio de la tremenda limitación que implica el identificarse con estas pequeñeces, pequeños objetos finitos, tu pequeño cuerpo, pequeña mente y pequeño ego, todos los cuales son objetos que pueden ser vistos y, por lo tanto, no son Aquél que ve, el verdadero Yo, el Testigo puro, aquél que realmente eres.
No verás nada en especial. Lo que surja está bien. Las nubes flotan en el cielo, las sensaciones flotan en el cuerpo, los pensamientos flotan en la mente -y, sin esfuerzo, tú eres testigo de todo esto-. Todo esto surge espontáneamente y sin esfuerzo en tu consciencia presente. Y esta consciencia que es testigo no es, en sí, nada específico que puedas ver. Es, simplemente, una gigantesca sensación de libertad -o de vacío puro- en el trasfondo. Y en ese vacío puro -que es lo que eres- surge el mundo entero de lo manifiesto. Tú eres esa libertad, esa apertura, ese vacío -y no alguna de las cosas que surgen de allí-.
Descansando en ese atestiguar vacío, libre, fácil y carente de esfuerzo, observa que las nubes surgen en el amplio espacio de tu consciencia. Las nubes surgen en tu interior -tan así es que puedes saborear las nubes, eres uno con las nubes-. Es como si estuviesen a este lado de tu piel... están tan cerca. El cielo y tu consciencia se han vuelto uno solo, y todas las cosas en el cielo flotan sin esfuerzo a través de tu propia consciencia. Puedes besar al sol, tragarte la montaña... están así de cercanos. El Zen dice, “Tómate el Océano Pacífico de un solo trago”, y eso es lo más fácil de hacer cuando adentro y afuera ya no son dos, cuando sujeto y objeto no son dos, cuando el que mira y lo mirado son Un Solo Sabor Único. ¿Lo ves?



Ken Wilber
Testigo del Ser

Manejar la mente




La meditación es un entrenamiento para la vida. Si queremos ser libres, es importante aprender a cómo experimentar directamente el ininterrumpido caos y la confusión impersonal de nuestra propias mentes sin ser perturbadas por ninguna de ambas.

Solo si podemos aguantarlas seremos capaces de tomar responsabilidad por ellas. Si no podemos soportar tranquilamente nuestra mente, los demás sufrirán inevitablemente las consecuencias. Si no podemos manejar nuestros propios pensamientos y emociones mientras estamos en silencio y prestando atención, entonces ¿cómo vamos a ser capaces de tomar las decisiones adecuadas cuando estamos andando, hablando o relacionándonos con los demás?
La meditación es un entrenamiento para la vida.



Andew Cohen

Miedo auténtico y Miedo falso


El psiquiatra canadiense Eric Berne afirma que las emociones se dividen en dos categorías: las auténticas y las falsas. El miedo es auténtico cuando aparece; nos avisa de un peligro a la vista. Un miedo es falso cuando aumenta y permanece con nosotros mucho tiempo.
Las personas no están percibiendo que su estilo de vida crea siempre nuevas preocupaciones, no importando si acontece una victoria o una derrota.



En una misma prueba, un nadador es campeón mientras otro llega en segundo lugar. Uno sufrirá y el otro celebrará. Mas esa diferencia de actitud probablemente va a durar solo hasta el próximo fin de semana. Después comienzan de nuevo las preocupaciones de ambos: "¿Será que voy a lograr mejorar mi resultado? Y, si pierdo, ¿qué va a suceder con mi carrera? ¿Renovaré mi contrato? ¿Vale la pena tanto sacrificio? Lógico que en la mayoría de las veces, es mejor ganar que perder, pero no es posible vivir tan preocupado con la victoria como muchas personas viven hoy en día.
Las personas que están solas viven preocupadas porque están solas, de la misma manera que la mayoría que tiene un compañero vive angustiada con los problemas de relacionamiento. Pocas viven su momento afectivo con la certeza de que están viviendo el amor y aprendiendo a amar.
Si dejas al miedo ocupar tu corazón, nuncá conseguirás celebrar de verdad una victoria, porque en el momento siguiente al de un buen resultado la inseguridad lanzará dudas en tu mente.



Roberto Shinyashiki
A Coragem de Confiar


Fórmula zen para resolver problemas


Muchas veces, cuando tenemos problemas, nos empeñamos en darles el tratamiento equivocado. De hecho, parece que en vez de problemas sean trofeos que deben ser exhibidos, temas de conversación que nos hacen reforzar nuestro victimismo.
La historia que os presento va de como lidiar con las dificultades que nos presenta la vida…
Y es que muchas veces nos quedamos obnubilados por los obstáculos de la vida. No podemos reaccionar, creemos que no sabemos cómo hacerlo, y los miedos se apoderan de nosotros.
Pues bien, a veces es tan sencillo como tomar la iniciativa e ir a por la solución…

El Gran Maestro y el Guardián se dividían la administración de un Monasterio Zen. Cierto día, el Guardián murió y fue preciso sustituirlo.
El Gran Maestro reunió a todos los discípulos para escoger quién tendría la honra de trabajar directamente a su lado.

-”Voy a presentarles un problema”,- dijo el Gran Maestro,- “y aquél que lo resuelva primero, será el nuevo guardián del Templo.”

Terminado su corto discurso, colocó un banquillo en el centro de la sala; encima estaba un florero de porcelana seguramente carísimo, con una rosa roja que lo decoraba.



-”Éste es el problema”-, dijo el Gran Maestro; -“resuélvanlo“.

Los discípulos contemplaron perplejos el “problema”, por lo que veían los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y la elegancia de la flor.
¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál sería el enigma?
Pasó el tiempo sin que nadie atinase a hacer nada salvo contemplar el “problema”, hasta que uno de los discípulos se levantó, miró al Maestro y a los alumnos, caminó resueltamente hasta el florero y lo tiró al suelo, destruyéndolo.

- ¡Al fin alguien que lo hizo! - exclamó el Gran Maestro - ¡Empezaba a dudar de la formación que les hemos dado en todos estos años!. Usted es el nuevo guardián.

Al volver a su lugar el alumno, el Gran Maestro explicó: - “Yo fui bien claro: dije que ustedes estaban delante de un “problema”. No importa cuán bello y fascinante sea un problema, tiene que ser eliminado.

Un problema es un problema; puede ser un florero de porcelana muy caro, un lindo amor que ya no tiene sentido, un camino que precisa ser abandonado, por más que insistimos en recorrerlo porque nos trae confort… Solo existe una manera de lidiar con un problema: atacándolo de frente.
En esas horas, no se puede ser tentado por el lado fascinante que cualquier conflicto acarrea consigo.
Recuerda que un problema, es un problema. No tiene caso tratar de “acomodarlo” y darle vueltas, si al fin y al cabo ya no es otra cosa más que “UN PROBLEMA”.
Déjalo, hazlo a un lado y continúa disfrutando de lo hermoso y lo que vale la pena en la vida.
¡No huyas de él… acaba con él!.


"Yo" y "Mío"


Cuando un bebé aprende que una secuencia de sonidos emitidos por las cuerdas vocales de sus padres corresponde a su nombre, el niño comienza a asociar la palabra, la cual se convierte en pensamiento en su mente, con lo que él es. En esa etapa, algunos niños se refieren a sí mismos en tercera persona. "Felipe tiene hambre". Poco después aprenden la palabra mágica "yo" y la asocian directamente con su nombre, el cual ya corresponde en su mente a lo que son. Entonces se producen otros pensamientos que se fusionan con ese pensamiento original del "yo". El paso siguiente son las ideas de lo que es mío para designar aquellas cosas que son parte del yo de alguna manera. Así sucede la identificación con los objetos, lo cual implica atribuir a las cosas (y en últimas a los pensamientos que representan esas cosas) un sentido de ser, derivando así una identidad a partir de ellas. Cuando se daña o me quitan "mi" juguete, me embarga un sufrimiento intenso, no porque el juguete tenga algún valor intrínseco (el niño no tarda en perder interés en él y después será reemplazado por otros juguetes y objetos) sino por la idea de lo "mío". El juguete se convirtió en parte del sentido del ser, del yo del niño.



Sucede lo mismo a medida que crece el niño, el pensamiento original del "yo" atrae a otros pensamientos: viene la identificación con el género, las pertenencias, la percepción del cuerpo, la nacionalidad, la raza, la religión, la profesión. El Yo también se identifica con otras cosas como las funciones (madre, padre, esposo, esposa, etcétera), el conocimiento adquirido, las opiniones, los gustos y disgustos, y también con las cosas que me pasaron a "mí" en el pasado, el recuerdo de las cuales son pensamientos que contribuyen a definir aún más mi sentido del ser como "yo y mi historia". Estas son apenas algunas de las cosas de las cuales derivamos nuestra identidad. En últimas no son más que pensamientos sostenidos precariamente por el hecho de que todos comparten la misma noción del ser. Esta interpretación mental es a la que normalmente nos referimos cuando decimos "yo". Para ser más exactos, la mayoría de las veces no somos nosotros quienes hablamos cuando decimos y pensamos el "Yo", sino algún aspecto de la interpretación mental, del ser egotista. Una vez acaecido el despertar continuamos hablando de "yo", pero con una noción emanada de un plano mucho más profundo de nuestro ser interior.



Eckhart Tolle
Una Nueva Tierra